Relato: Una nena cada vez más nena





Relato: Una nena cada vez más nena

No podía creerlo. Allí estaba yo en el papel de sirvienta
lavando los trastos que habían quedado de la noche anterior. La peluca corta de
pelo rubio y liso con un moño blanco encima, mis labios pintados de color rojo
fuerte, el rubor de mis mejillas, más rojo que rosado, una suave sombra en mis
ojos con pestañas postizas, los aretes de presión, en forma de rosas de color
rojo, en el lóbulo de mis orejas, el lápiz para cejas las delineaba en coqueta
posición, ya que las tenía un poco depiladas, una gargantilla dorada en mi
cuello, la pulsera en mi mano izquierda, eran los accesorios que resaltaban en
parte mi carácter femenino. Digo en parte porque las prendas que cubrían mi
cuerpo indicaban que la mujer que existía en mí había salido de nuevo a flote,
en estos momentos como una sirvienta: medias negras cubrían mis pies con sus
uñas un poco largas pintadas de rojo, así como el resto de mis piernas depiladas
y parte de mis muslos, ya que allí unos lindos ligueros de color rojo las
sujetaban arriba de los muslos; unos pantis rojos transparentes cubrían mis
partes íntimas, pero el hilo dental dejaba al descubierto mis dos nalgas, para
que finalmente un delantal de plástico me cubriera por delante dejando al aire
mi espalda y mi trasero. Unos brassieres rojos, abiertos por delante para dejar
salir las tetas que aún no tenía y que mi esposa me había comprado, dado que
eran de talla pequeña me apretaban y un remedo de teticas se asomaban por la
abertura. Mis pies descansaban sobre unos zapatos negros descubiertos, tipo
plataforma, con una correa que pasaba sobre mi pie y otra que se enroscaba en el
tobillo, resaltando la hembra que, en esos momentos como sirvienta, quería
mostrar su transformación sin pudor alguno, sólo con el deseo de ser una nena.



De vez en cuando mi esposa me permitía ser mujer aunque no
fuera en la última semana del mes. Esa era una de tales ocasiones. La noche
anterior habíamos recibido en nuestro apartamento la visita de unos amigos que
invitamos. Luego de irse quedó una buena cantidad de platos y vasos sucios, así
como ceniceros con colillas. Al día siguiente era sábado y la empleada del
servicio no iba los fines de semana. Antes de acostarnos mi esposa me dijo que
estaba muy cansada y que se estremecía de sólo pensar en todo lo que había que
limpiar sabiendo que nuestra empleada Laura no llegaría a hacer el aseo.
Maliciosamente sonrió y me dijo: "Bueno, pero no hay que olvidar que en esta
casa hay otra mujer, ¿o no querida?". Me quedé en silencio. "Responde querida,
no te quedes callada, ¿eres o no una mujer?", insistió. "Sí, sabes que sí", le
contesté. "Ya lo sabía, no eres más que una nena. Pero no puedes ser nena sólo
para exhibirte. No muñeca, debes aprender muchas cosas de nosotras las mujeres.
Así que mi nenita se vestirá mañana como sirvienta. Afortunadamente tengo quien
reemplace a Laura. Arreglarás todo que quede bien limpio. Si algo queda sucio te
castigaré. Te sentirás sirvienta y eso serás. Luego de que arregles todo, me
llevarás a la pieza un buen café. ¿Oíste nenita?", terminó preguntando. "Sí,
amor, así lo haré. Me siento contenta que me tengas en cuenta. Todo el día seré
una mujercita", contesté volteándome y quedando inmediatamente dormido, mejor
dicho, dormida.



Ya había lavado buena cantidad de platos. Iba por ellos a la
sala tongoneándome como toda una hembra, moviendo las nalgas con un contoneo
simplemente agradable. Sí me sentí muy bien moviendo las nalgas con un quiebre
morboso. Me imaginaba que alguien me estaba observando y excitándose con esa
travesti que hacía poses para sentirme más y más nena. Cada vez, ya lo había
notado, gozaba más del papel de mujer, ansiando estar cada día más femenina, más
nena, más hembra. Me daba cuenta que la mujer que había encontrado en mi
interior a veces se apoderaba con fuerza de mi carácter aunque, debo decirlo, no
deseaba ser una mujer por completo. Me sentía muy bien en el papel de hombre,
pero sabiendo que tenía la oportunidad de dejarlo atrás y gozar como mujercita
cuando me transformaba. Diría que era una doble personalidad: hombre y mujer
juntos. Cuando me sentía mujer soñaba con encontrarme con otras como yo en una
agradable reunión, o bailar como mujer en una discoteca, o colocarme un lindo
vestido de baño y nadar delante de todos como María Yolanda. En fin, la verdad
es que en esos momentos no me importaba ni me preocupaba ser una nena porque, la
verdad sea dicha, sí era una nena. Había algo más: el papel de sirvienta lo
estaba sumiendo también con ganas. Así que continúe con las labores que me había
encomendado mi esposa, terminando de lavar los platos, vasos y ceniceros. Luego
hice el café.



Estaba llevándole el café a mi esposa cuando ella salió de la
pieza. Tenía puesta una piyamita rosada completamente transparente, sus tetas
colgando porque no tenía brassieres, cucos blancos y unas sandalias de caucho
rojas. "Espera querida, me tomaré el café en la sala. Voy a revisar tu trabajo",
me dijo mientras se adelantaba mostrando sus nalgas y la mitad de los cucos
metida entre ellas, es decir, casi dejando una nalga al aire. Su imagen me
excitó y deseé comerle ese esplendoroso culo que tenía. "A ver niña, dame el
café como una nenita", ordenó mientras se sentaba. Caminé hacia ella con un
suave contoneo. "Parece que estás aprendiendo. ¿te imaginas querida donde
nuestros invitados de anoche te vieran así? ¡Qué vergüenza tener que
reconocerles que no eres mi esposo sino mi esposa!. Te cuento muñequita que a
veces me da rabia saber que eres una loca y que tengo que esforzarme para
aguantarte, pero otras veces me excita verte como mujer.


Vamos a la cocina a verificar tu trabajo", fueron las
palabras que pronunció con dulzura. "Sí, parece que hiciste un buen trabajo.
Estás tan buena como Laura. Así me gusta Mari", dijo al mismo tiempo que
continuaba: "Espérame en la sala que voy a orinar". Me fui para la sala y no
había llegado cuando oí su grito: "Mari, ven acá rápido". Me devolví al baño
social y encontré a mi esposa parada en la puerta con los brazos en su cintura:
"¿Qué es esto? ¿Acaso creías que tu trabajo no era arreglar todo y dejarlo bien
limpio", fue su regaño. Me había olvidado de arreglar el baño social. Se veía
sucio en el suelo por las pisadas de nuestros invitados, incluso había colillas
de cigarrillos en la taza, seguro fruto del licor, hasta se veían algunas gotas
de orín, ya secas, sobre la taza del sanitario. "Anda por las escobas y limpias
bien esta porquería", me ordenó. Fui por ellas. Barrí el baño, lo trapeé y sequé
la taza del inodoro mientras mi esposa me miraba. "Llévalas de nuevo y ven", fue
todo lo que me dijo. Al regresar de nuevo al baño me ordenó que le quitara los
cucos y la pijama. Así lo hice. Quedó desnuda sólo con las chanclas de caucho en
sus pies. Se veía hermosa. Se sentó en la taza y comenzó a orinar con un fuerte
chorro mientras me decía: "Te voy a castigar por el mal trabajo que hiciste.


Aprenderás a ser sirvienta, por las buenas o por las malas.
Ven sécame la chocha que ya acabé para que vamos a que recibas tu castigo". Con
el papel higiénico la limpié, y luego de soltar el sanitario salimos las dos.
Ella adelante moviendo su culo. Yo detrás. Llegamos a la cocina, me hizo quitar
el delantal. "Ponte en cuatro patas puta. Tengo muchas ganas de castigarte. No,
así no. Mira putica, pon las manos sobre la barra del fogón, así, sí, así está
bien. Quédate en esa posición", dijo mientras sacaba algo de la alacena. Allí
estaba yo exhibiendo mis nalgas y esperando. Vi que era un matamoscas de
plástico que terminaba con una rejilla. Comenzó a pegarme en las nalgas.
"Muévete nena, ¿te gusta?. Vas a aprender mariconcita. No eres más que una
nena", decía mientras lanzaba el matamoscas sobre mis nalgas. "Ay...ay...sí
pégame mami, pégame...ay..ay.", decía yo con voz quebrada de loca mientras movía
una y otra nalga y mis manos agarraban la barra del fogón. "Te castigo por mala
sirvienta y también por más. ¿Sabes por qué?. Porque no eres más que una nena,
una loquita, una mariquita", repetía mientras me pegaba. "Sí, sí, ay..ay...soy
una loca...ay...ay...soy loca...soy loca...soy la nenita de esta
casa...ay...ay...soy una mujercita...ay...me gusta ser mujer...ay...ay...soy una
nenita...una nenita...ay...ay...sí, sí...dame que soy una
loca...sí...loca...loca...ay...ay...soy la loca de la casa...ay...soy nena...soy
nena...ay...", repetía yo una y otra vez con una voz completamente de maricona,
de travesti loca, de la mariquita que era. Mi esposa me pegaba más.
"Sí...sí...ay...ay...ayyyy...soy mariposa....ay...una
mariposa...ay..ay...ay..soy
mariposa...soy....mariposa... ay...ay...ay..ay...soy...mariposa... mariposa...mariposa...ay...ay..ay...",
volvía de nuevo a repetir mostrando mi gusto y mi dolor. Mi esposa descansó y me
hizo quitar los pantis. Mi clítoris saltó mojado. Sentí sus manos acariciando
mis nalgas. Luego las abrió y tocó mi ano. "¿Qué es esto?", preguntó. "Mi
culito", le respondí. "No nenita, esto es tu chochita, tu chimbita. Aquí es la
vagina de ustedes las locas. ¿Cuándo vas a aprender que no tienes culito sino
chimbita, ah?", replicó mi esposa. "A ver, veamos cómo está esta chochita", dijo
al tiempo que metía un dedo.


Lo sacó y me hizo chuparlo. Con mi boca aprisionaba su dedo y
ella con la otra mano comenzó de nuevo a calentar mis nalgas. "Ven muñequita, ya
te he castigado lo suficiente. Vamos a la sala me harás el amor pero por la
chimba, nada de culo ahora, ese lo tendrás luego", dijo cogiéndome de la mano.
Las dos caminamos hacia la sala besándonos y acariciándonos. Yo estaba muy
excitada. Mi esposa se sentó aún con sus chanclas en los pies. "Ven mamita.
Chupa esta chimba que no tienes". Me arrodillé y comencé a mamar y a mamar. Esta
toda mojada. "Oh, oh...sigue nena...sigue...cómo mamas de rico...sí...sí, eso,
así..cógeme el gallito...oh...oh...rico...chupa, eso, chupa, mama putita, oh....
mi linda putita...oh..oh..", gemía mi esposa. Yo tenía mi cara mojada de su
fluidos, me separé y subí hasta su boca. Nos unimos con nuestras lenguas. "Ámame
muñeca, ámame", gimió. Metí mi gallo en su cuca iniciando un movimiento de mete
y saca. Yo hacía poses con las manos y gemía como ella. Me sentía la nena más
feliz del mundo. Mi esposa empujó su cuerpo hacia mí y apretó su cuca contra mi
gallito.


"Cógeme las tetas muñequita,
apriétalas...eso...eso...así...ah..ah...sí..sí..aprieta las tetas...mira cómo se
ven...oh, qué tetas...¿quieres tener tetas?...oh...oh...quiero verte con
tetas..si...sí...quiero verte con tetas...que seas mi mujer...mi
esposa...ah...ah...qué rico...sólo te faltan tetas...ah...ah...coge esas tetas,
cógelas que son tuyas amor, mamita...ah...me siento tan puta...ah...", eran las
palabras que pronunciaba mi esposa en medio de su excitación. Yo también estaba
muy excitada: "Si mami...sí...voy a tener tetas...sí quiero tetas...oh mami...oh
mi amor...¿te imaginas yo con tetas? Toda una mujer...ah...ah....quiero
tetas...quiero tetas...ah...ah...tetas como las tuyas...lindas...ah...ah...". Mi
esposa alzó sus piernas cruzándolas sobre mi espalda, una de las chanclas se
cayó. Aumentó sus movimientos. Yo hice lo mismo. "Me vengooooooo...me vengoooo",
grité soltando la leche a borbotones. Mi esposa no había llegado aún al orgasmo
así que aceleró más, apretó su chimba con más fuerza, cogió mi cabeza y se movió
como una locomotora en círculos, apretando y apretando, exprimiéndome. Yo estaba
ya cansada pero hice el esfuerzo para que ella culminara. Hasta que lo hizo en
medio de gritos. Descansamos un rato. "Lo de las tetas era por la excitación. No
quiere verte con tetas", me dijo. "Yo tampoco las quiero, así estoy bien como
mujer", le contesté. Sabía que mi esposa había aceptado mi travestimo, pero no
hasta qué nivel. Yo la amaba y deseaba continuar con mi matrimonio. No sabía,
tampoco si mi esposa, al menos de forma inconsciente, se sentía desengañada.
Algunas veces sus palabras así me lo hacían ver, pero otras indicaban que me
entendía y que me aceptaba en lo que me había convertido. Yo quería seguir
siendo hombre pero al mismo tiempo, en perpleja contradicción, deseaba, más que
ser, sentirme mujer, toda una mujer.



Me bañé primero que ella. Todo el día sería una mujer. Estaba
contenta por poder dejar que María Yolanda tuviera su día. Una vez que me sequé
me puse unos pantis blancos y me miré en el espejo. Me sentía divina ya que el
cuerpo lo tenía todo depilado. Habíamos comprado una crema depiladora, que me
ayudó cuando me rasuré. Miré mis piernas sin pelo alguno. Alcé los brazos y
observé con alegría las axilas sin rastro de pelo. Mi esposa entró al cuarto y
me vio. "Estás hermosa", dijo. "Gracias querida", respondí mientras giraba y
veía mis nalgas turgentes en el espejo. Éste reflejaba una mujer. Suavemente
sobre mi nalga derecha, en la parte de arriba, pegué una calcomanía con figura
de mariposa. "Te gusta hacer poses y sentirte mariposa, ¿cierto muñeca?", afirmó
y preguntó mi esposa sonriendo.


"Sí, me gusta verme como nena", respondí. Antes de entrar al
baño a bañarse me preguntó que cuál peluca me iba a colocar, a lo que le
respondí que no me iba a poner en el día porque me cansaba. Mi esposa entró a
bañarse. Yo seguí con mis arreglos. Acomodé mi gallito entre los cucos, hacia
abajo para que no se notara el bulto que mostraba al hombre. Hoy no quería ser
hombre, simplemente una mujer. Me coloqué unos brassieres transparentes y dentro
unas cocas blancas de relleno. ¿Cómo sería con unas tetas de verdad?, pensé,
pero dejé rápidamente ese pensamiento y me concentré en el resto de mis prendas.
Unos jeans capri, la bota llegaba un poco más debajo de mis rodillas, me daban
un aire muy femenino porque las piernas depiladas no se cubrían del todo y mi
culo quedaba completamente forrado ante la estrechez de los jeans. Luego me
cubrí con una camisa blanca semitransparente que me llegaba hasta el ombligo.
Inicié el maquillaje pintándome los labios con un tono violeta, dándole a mis
ojos una sombra del mismo color. Delineé mis cejas con un buen lápiz negro. Una
pulsera dorada con aros colgando adornó mi mano izquierda porque en la derecha
me puse un reloj de mujer pequeño con correa de color rosado. Cada paso me hacía
sentir más mujer.


Saqué del closet unas candongas largas que instalé en mis
orejas. Volví al closet a buscar un par de zapatos. Tenía bastantes, de
diferentes estilos. Poniéndome un dedo en la comisura de mis labios hice un
mohín femenino que me mostraba pensativa. ¡No sabía cuáles ponerme! ¡Eran todos
tan lindos! Para la ocasión, vestida como estaba de sport, había varios pares
que me harían juego. ¡Estaba tan indecisa!. No sabía si esperar a que mi esposa
saliera del baño y me aconsejara. Miré las sandalias blancas de tacón alto, los
dos pares de tenis, unos rosados y otros blancos, unas sandalias campesinas
lisas de cabuya, azules con florecitas verdes, descubiertas sólo en la punta y
en el talón, unos zapatos de tela con plataforma. Estaba que me decidía por las
sandalias campesinas o los tenis rosados, ya que sin tacón me permitirían
contonearme más a mi agrado, y además iba a estar en casa de un lado para otro.
"¿Qué piensas querida?", dijo mi esposa que salió del baño envuelta en una
toalla y me vio allí pensativa. "Ay cielo, no sé cuáles zapatos colocarme",
respondí. "Deja a ver muñeca yo miro", dijo mi mujer. Se acercó y me preguntó:
"¿Algunos en especial?". "Estoy indecisa entre los tenis rosados y las sandalias
de cabuya", respondí haciendo posesitas. "Ponte las sandalias de campesina. Te
verás preciosa", dictaminó. Así lo hice. Y ya vestida caminaba de un lado a otro
moviendo mis nalgas y sabiendo que se veían lindas en los apretados jeans.
"Tienes culo de mujer", señaló mi esposa. "Oh, gracias, ¿te parece?", dije con
mi voz quebrada, mientras salía de la pieza a prepararme un café y fumarme un
cigarrillo. Iba en la mitad del cigarrillo cuando llegó mi esposa. También se
había puesto unos jeans forrados, una blusa roja y sandalias de tacón blancas.
Estaba preciosa. Éramos dos mujeres solas. Me puse a leer el periódico cruzando
las piernas como una damita. Mi esposa se puso a coser. Pasamos la mañana
haciendo distintos quehaceres, yo siempre con mis quiebres y caminado de nena.
Pedimos una pizza para almorzar y luego hicimos la siesta.



Ya al atardecer, luego de pasar la tarde viendo televisión,
me acerqué a mi esposa que estaba en la cama conmigo, ambas sin zapatos, y
comencé a abrir la correa de sus jeans y a bajarle el cierre. Metí una de mis
manos dentro de sus pantis y la dirigí hacia sus nalgas abriéndolas suavemente
mientras la besaba. Ella hizo lo mismo conmigo. Mi dedo tocó su ano y lo abrió
para introducirse en su culo.


Mi esposa hizo lo mismo. Así con los dedos en nuestros culos
iniciamos un intercambio de lenguas. Ambas gemíamos y suspirábamos. Luego ella
se soltó, se quitó los jeans, la camisa y se colocó los zapatos. Se levantó y
caminó moviendo sus nalgas. "¿Así quieres verte querida?. Mírame muñeca", dijo
mientras movía su cuerpo en un cadencioso baile. Se volteó mostrando su cuerpo
desnudo y exhibiendo sus nalgas. Se movía y se movía en ese erótico y silencioso
baile. Abrió sus nalgas con ambas manos dejando ver su arrugado ano al tiempo
que seguía con sus movimientos. "Ven mami, desnúdate, ponte unos zapatos de
tacón alto y bailemos juntas", habló ya con voz excitada. No me hice rogar. Me
puse unos zapatos de tacón dorados, tal vez con los tacones más altos que tenía,
cogí una peluca pelirroja que instalé sobre mi cabeza y un cinturón negro sobre
mi cintura. Así, desnuda, con el solo cinturón, caminé hacia ella con mi
clítoris completamente erguido. Sin acercarme del todo comencé a moverme como
una mujer "striptisera", imaginándome que estaba en un show de travestis con el
público lanzándome miradas morbosas de deseos.


Una de mis manos agarró mi gallito masajeándolo suavemente.
"Soy una nena..soy una nena...soy la nenita...ah...ah...me siento
divina...ah....divina...ah...ah...", gemía yo mientras contorsionaba mi cuerpo
en vulgares y obscenos movimientos. Mi esposa me miraba al tiempo que sus manos
acariciaban su cuca y gemía. Me volteé para que mi esposa viera mis nalgas con
su movimiento maricón. Las abrí y también le mostré mi huequito trasero, mi
culito, mi chocha. Ella se acercó y con una mano cogió mi gallito. "Ya sé que
esto no es un chimbo, es un gallito, es el clítoris de mi nena. A ver cariño,
haz poses de nenita", me rogó. Yo le hice caso y movía cuerpo y manos como una
loca. Sí, era una loca y me gustaba aceptarlo y quería que me dijeran loca.
María Yolanda estaba en mí, yo era María Yolanda, nadie más y no me importaba
nada. Continué con mis movimientos y poses mirándome en el espejo. "Soy
divina...ah...ah...qué placer...soy una loca....mira mi clítoris...", decía al
mismo tiempo que me veía en el espejo y le lanzaba besos a la imagen de la
mujercita que se veía en él. Mi esposa se acercó de nuevo, me hizo sentar en la
cama, frente al espejo de la consola, se arrodilló, para luego con su boca tomar
mi gallito y mamarlo, sacando de vez en cuando la lengua para pasarla de arriba
abajo en un vulgar lameteo. La separé suavemente. Ella seguía arrodillada
mirándome y pajeándose. Alcé mis piernas con mi gallo entre mi mano derecha.


Una imagen excitante: yo misma veía cómo mis piernas alzadas
se movían, poniendo fija mi mirada en mis pies con los zapatos dorados. Las
palabras seguían saliendo: "Oh...oh...mira cielo qué pose...soy una mujer...soy
mujer...quiero que me coman...ah...ah..quiero que me coma un macho...quiero que
me haga su mujer...ah...ah...oh...déjame amor que me coman...ah...te lo
suplico...". Palabras que me surgían y me asustaban porque le estaba diciendo a
mi esposa qué quería. Ella estaba muy excitada. "Síguete moviendo
preciosa...ah..ah..sigue así cabrona, putita, mi nenita...ah...sí...". Fue su
respuesta sin mencionar nada de lo que le había dicho. Ella se paró y se volteó
dándome la espalda. "Quieres mi culo muñeca?", preguntó abriendo sus nalgas. No
esperó mi respuesta sino que fue asentando su culo sobre mi gallo sin vaselina.
Sentí cómo su ano tocaba la punta de mi clítoris y se distendía para recibirlo.
Se empaló del todo al sentarse sobre mí. "Ah mami mía...qué placer...oh...sí,
rico...qué culiada...cómete el culo querida...ah...es tuyo, dale mamita", gritó
mi esposa. En verdad eran gritos de placer.


Debía sentirse muy bien así empalada completamente,
traspasada, ensartada con mi gallo metido. "Qué culiada. Siento tu gallito que
me sale por la garganta....ohhhh.....ohhh...ah..ay mami, qué placer..ahhhh",
gemía mi esposa al subir y bajar su culo, subía y bajaba. Yo alcanzaba a mirar
por el espejo su cara de excitación. "Soy puta...ah...sí una puta, quiero ser
puta....bien puta...ahhh..somos dos putas....ahh..qué es esta dicha...ahhh",
volvía a repetir mi esposa. "Mira mami, mira", dijo de pronto. Se había alzado
las piernas pasando las manos por debajo de ellas. Se veía en el espejo se
culito abierto por mi gallo y su chimba mojada. "Mira qué vulgaridad...oh..cómo
me veo de ensartada...oh, oh...qué belleza...mira mi ano abierto...oh...oh..qué
vulgaridad...soy puta requeteputa...ahhh..mira...mira nenita...", dijo
completamente excitada. Y en verdad la imagen era obscena. Soltó sus piernas y
las apoyó de nuevo en el suelo, me senté aún con ella empalada, pasé mis manos
por delante a apretarles las tetas. "Muévete amorcito que estoy muy excitada",
le dije con voz floriada. Ella comenzó un vaivén de arriba abajo, empalándose
una y otra vez. Yo me quedé quieta lanzando expresiones que nos excitaban a las
dos: "Sí...sí...perfórate cielito...ah, ah, qué culo tan divino...ahhh...dale
amorcito, cómete este gallito..eso...eso...así...uf, uf, rico, rico,
rico...ah...oh...ahhh...". MI esposa subió casi sacándose mi gallito y luego con
fuerza se sentó en él. Las dos explotamos en medio de nuestros gritos: mi voz de
nena maricona y su voz de mujer. Luego de habernos venido mi esposa siguió
sentada completamente empalada. "Ah, se siente tan bueno...es tan bueno...", y
comenzó de nuevo a rotar sus caderas mientras apretaba sus tetas. A mí me dolía
el gallito, debía estar rojo de la presión, además estaba cansada, pero me
aguanté hasta que mi esposa obtuvo un nuevo orgasmo. Se levantó con mi leche
saliéndole por el culito. Mi gallito estaba en la cabeza amarillo de la mierda
de mi esposa, en verdad se había empalado hasta el fondo.



Las dos nos bañamos juntitas y nos pusimos nuestros
piyamitas. Escogí una verde transparente que mostraban mis pantis blancos. Así
me tiré en la cama para dormir. Me sentía mujer y estaba feliz de que mi esposa
me dejara serlo. ¡Todo un día como mujer!. Desde el amanecer hasta al anochecer.
¡Increíble!. Sólo me faltaba probar una buena verga, conocer un macho que me
hiciera mujer. Traté de insinuarle a mi esposa. Ella me dijo simplemente que no.
Podía ser mujer con ella pero con nadie más. Yo sabía para mis adentros que o la
convencía o le sería infiel porque estaba desesperada por tener un hombre que me
hiciera suya. Así me dormí.


Por favor vota el relato. Su autor estara encantado de recibir tu voto .


Número de votos: 0
Media de votos: 0


Si te gusta la web pulsa +1 y me gusta






Relato: Una nena cada vez más nena
Leida: 1588veces
Tiempo de lectura: 14minuto/s





Participa en la web
Envia tu relato







Contacto
Categorias
- Amor filial
- Autosatisfacción
- Bisexuales
- Confesiones
- Control Mental
- Dominación
- Entrevistas / Info
- Erotismo y Amor
- Fantasías Eróticas
- Fetichismo
- Gays
- Grandes Relatos
- Grandes Series
- Hetero: General
- Hetero: Infidelidad
- Hetero: Primera vez
- Intercambios
- Interracial
- Lésbicos
- MicroRelatos
- No Consentido
- Orgías
- Parodias
- Poesía Erótica
- Sadomaso
- Sexo Anal
- Sexo con maduras
- Sexo con maduros
- Sexo Oral
- Sexo Virtual
- Textos de risa
- Transexuales
- Trios
- Voyerismo
- Zoofilia


Encuestas

Afiliados



























relatos eroticos con mi hijastra nuriaentregue mi esposa se la culiaronralatos eroticos papás con hijas en pañalespapi piha la nenarelatos xxx baila para "exitarlo"relato se la mame a mi alumnorelatos eroticos los deliciosos pies de mi sobrinaviolada por orinar relatos eroticosPorno morbosiando ami prima va riendo relatos pornos bautizando una chiquitabertha y antonio relatos pornoRelato mi hijo me ato y me violome cogi a un mi hijo y sus amiguitos de "8." relatos eróticosla pilarica relatos eroticosrelatos polla a savor de chochoavre el culo y las piernas para que le entre mas relato gaybertha y antonio relatos pornoconverto a mi esposo en gay relatosRelatos porno amor filial bdlol.ruSoy carmin zoofiliarelatos eroticos Mayte IIrelatos porno de amor filialrelatos xxx andrea en cuarentena con papa 1Relato eróticos suegras hijas nietas/relato39603_me-violaron-en-el-colegio-de-mi-hijo.htmlrelatos xxx a mi hija le gusta exhibirse 1mi sobrina anal relatosrelatos de penetraciones a conchas estrechasparma-build relatos pecado bien ligarelato erótico de cuquita y culito cerraditoRelatos porno amor filial bdlol.ruRelatos porno de vecindadesConfesiones site:parma-build.rurelatos eróticos insesto hija 8me desvirgaron dos chicas en el yacuzzy relatos eroticosRelatos porno amor filial mi vida de soltero bdlol.rurelatos de amor filial con sobrinita sola en casarelato gay el padrastro y el pequerelatoseroticos dehijastras mamando guevodeposito de semen de mí hijo relatopornodescubri mi tillo con mi primita de 11 anioshistorias eroticas me folle a mi primita de 7 aniosporno relatos 11relatos cuentos porno bdlol.ru incestoRelatos porno de vuelta a la finca 2 bdlol.rumisrelatosporno añoswww.nicanoelia.commanoseando sediando y acariciando la hermanarelatos xxx baila para "exitarlo"me lleve a la nena al sotano porn relatoPorno relato insesto puro jorange.rurelato pornos desvirgando hijas de vecinos con la madre presentepeque cosita relato eroticodiario site:parma-build.ruConfesiones mi abuela me saca la leche bien ricorelatos xxx afrodisíaco a mi hijarelato erotico por fin me cogi a mi cunadaRelatos porno amor filial bdlol.rurelatos porno vendedora de dulces octavioPorno relato amor filial de buelta en la fincami tio de 30 y yo de 9 relatoporno sobrina exhibicionitaprofesor site:parma-build.ruRelatos porno amor filial mi vida de soltero 3 bdlol.ruRelatos porno de amor filial que ricas nalgas tienes madreSubmanga filialcura site:parma-build.ruprofesora de gimnasia hotrelatos incesto ahhh hijita me vengooorelatos mu espsoa puñeteaba ami amigoJUGANDO site:parma-build.ruRelatos porno de amor filial pegado a mi madrePorno relato padre soltero jorange.rujorange.ru sobrinitarelatos porno albañilesrelatos xxx a mi hija le gusta exhibirse 1relatos sdparelatoseroticos solos con mi primita (ll)mi puta mi hija relato eroticocura site:parma-build.rurelatos eroticos la nenita hija del pastorMe coji asu esposa y asu hija relatops pornorelatos porno amor filial incestorelatos porno la niñera me da nalgadasConfesiones mi abuela me saca la leche bien ricoRelatos eroticos me exita ver como humillan a mi madre