Relato: De niña a esposa (1)





Relato: De niña a esposa (1)

Mi padre era un hombre seco que casi no hablaba, poderoso
como el que más, nació en cuna rica igual que su padre y como hombre de campo
sabía que los hombres estaban para actuar y no para hablar. Para eso estaban las
mujeres. Mi madre era una mujer cariñosa, poco letrada, pues era del campo
también, sabía las cosas básicas, pero nada más, pues al nacer ya su destino
estaba trazado, se casaría con el hijo del hombre más rico de la región.


Yo, soy la menor y única mujer de tres hermanos y ahora tengo
25 años, pero mi historia transcurre cuando apenas contaba con 14 años. A
diferencia de mi madre yo estaba estudiando en un prestigioso colegio de monjas
de la capital del país, vivía con mi tía Elsa, hermana de mi madre, su esposo y
sus dos hijas y sólo pasaba en la finca los veranos y las fiestas. Ese año yo
había cambiado mucho, por lo menos mi cuerpo lo había hecho bastante, llegué a
casa como siempre corriendo y dejando todo tirado a mi paso, estaba acostumbrada
a ser una niña rica y mimada; apenas llegué me lancé en brazos de mi madre y la
bese, ella me recogió en su regazo como si todavía tuviera apenas cinco años.
Sus lagrimas recorrían su rostro y yo le pasaba las manos por la cara y le decía
tonta no llores que después lloro yo también. Mi padre nos miraba desde el alto
de la escala en la entrada de la casa, yo lo saludé con la mano y le tire un
beso al viento, como siempre devolvió mi saludo con la mano, seco, sin ninguna
expresión en el rostro. Me volteé de nuevo hacia mi madre



¿Y mis hermanos, ya llegaron?,



Mi madre abrazándome me contesto



Si, mi amor, llegaron ayer al atardecer, fueron a pasear a
caballo por la finca, creo que iban al pueblo un rato también.


Bien, conteste.



Y con la misma partí rauda a mi habitación. Pasé al lado de
mi padre y noté que me miraba de forma extraña, pero no le di mucha importancia,
seguí escaleras arriba hacia mi lugar favorito, mi habitación. Lo que sí es que
alcancé a oír a mi padre que me dijo



Niña arréglate y baja a las 19 horas que tenemos invitados.



Le di un si por respuesta y me tiré en mi cama a oler, a
sentir mis cosas, mi campo, mi niñez.


A eso de las seis oí llegar a mis hermanos y salí a
saludarlos, Paco el mayor tiene 17 años, es estudioso y escrupuloso, la vida de
la escuela militar le a sentado de maravilla y Simón de 16 es más desordenado,
aunque al apenas mirarlo supe que ya la escuela le había calado dentro y habían
logrado minar su espíritu rebelde. Igual les di a los dos sendos abrazos y ellos
como siempre me estrujaron la cabeza y me besaron la frente como lo hacían
antaño. Justo cuando iba a comenzar a preguntar sobre sus vidas, mi madre desde
arriba me llamó para que me vistiera.


_Voy, Voy.


Y partí. Mamá me esperaba en mi cuarto con un vestido blanco
bellísimo sobre mi cama y me dijo que me metiera rápido a bañar, pues venían Los
Solanas a cenar.


– Mamá que fastidio, esa gente me cansa, además los dos
muchachos Solana son tan serios que parecen sacados de una historia nazi.


Mi madre tomándome de las manos me dijo


– Hija, por dios no te refieras a ellos de esa manera, mira
que son muy amigos de nosotros, mejor es que en vez de criticar trates de verle
las cosas buenas a la gente.


- Bueno, está bien mamá, me baño, me visto y bajo y así
salimos del mal trago lo antes posible.


- Apúrate hija y ponte la ropa interior blanca que puse en el
baño.


Que raro, pensé, mi mamá jamás me había dicho que ropa
interior usar, pero bueno, seguro que la compro junto con el vestido.


Cuando casi estaba lista tocaron a mi puerta, era mi padre,
me sorprendí mucho, pues él no solía pasar por nuestras habitaciones. Entró y me
dijo cosas que en ese momento no entendí, pero luego si.



Vicky, espero que esta noche me hagas quedar bien, tu sabes
lo importante que es mi relación comercial con José Solana, no quiero que nada
salga mal. Te comportarás como mi hija y obedecerás en todo lo que se te diga,
sino lo haces sufrirás las consecuencias y dejarás esta casa.



Lo interrumpí – Si señor, pero sabe que siempre he sido
obediente, no entiendo porque le preocupa tanto ésta noche en particular



Porque ya eres una mujer y eso trae algunas obligaciones
para con tus hermanos, conmigo y con el hijo mayor de los Solanas, que a
partir de ahora será tu prometido.


¿Cómo? _ Exclamé_ ¿mi prometido? ¿Pero padre si casi no lo
conozco? Yo no soy una vaca, soy tu hija y no estamos en el siglo XV


Cállate y obedece, lo aceptarás y serás feliz con ello como
lo ha sido tu madre y todas las mujeres de nuestra familia, no me obligues a
ser rudo contigo o perderás tu casa, tu familia, tu madre y nuestra
protección.



Cerró la puerta tras de sí y me dejo llorando, mi madre entró
a la habitación y se sentó en la cama, tomó mi cara en su regazo, limpió mis
lagrimas y me dijo:



Hija, yo sé lo que sientes, una vez fui yo la que estuvo en
la posición en la que estás tu ahora y te juro que no es tan malo, los
primeros años serán malos, sobre todo cuando aún no te hayas casado y
mirándome a los ojos, me dijo
pero trata de que la fecha de la boda sea lo
antes posible, después tendrás hijos y te dedicarás a criarlos como yo he
hecho con ustedes, él conseguirá otras mujeres y tu podrás hacer tu vida. Ese
es nuestro destino, acéptalo y serás feliz.



Paré de llorar al oír las palabras que me decía mi mamá. En
silencio terminó de arreglarme, escuchamos el auto de los Solanas que llegaba.


_ Vicky, quédate aquí y baja cuando se te llame, y por favor,
si tu padre o cualquiera de los hombres presentes te da una orden, obedécela,
aunque te parezca, lo que te parezca. Hazme caso y no te irá muy mal ¿ok?



Si mamá, lo haré



Allí me quedé, sola con mis pensamientos, no entendí lo
último que dijo mi madre o porque lo dijo, todo el mundo parecía empeñado en que
fuera obediente ésta noche y simplemente no se me ocurría en que podía ser
desobediente, pues era una niña bien educada, que se sabía comportar. Pasó mas
de una hora y nada que me llamaban, ya había dejado un surco en el piso de tanto
caminar de un lado a otro. Cuando oí unos pasos que se acercaban, tocaron la
puerta, era mi nana Petra. Abrí la puerta y allí estaba Petra con lagrimas en
los ojos.


– Mi niña tu padre te llama.


_ Si Petra, voy. Y quita esa cara que sólo me voy a
comprometer.


_ Si hija, si, pero prométeme que vas a obedecer a tu padre.


_ Hay, que obsesión con el asunto, pero si te hace feliz, te
lo prometo.


Bajé las escaleras como princesa, pues me imaginé que era el
centro de atención y ya que habían decidido mi destino, por lo menos lo
aceptaría con la arrogancia de una Montebruno.


Como imaginé todos voltearon a mirarme al yo entrar, entre
otras cosas estaba preciosa, José Miguel, él que sería mi prometido a partir de
ahora, me tendió su mano y me brindó el asiento a su lado. Yo lo saludé con un
seco hola y le besé la mejilla.


Ramón Solana tomó la voz catante.


– Bueno Juan, estoy feliz porque hayamos llegado a un buen
arreglo sobre la unión de nuestras dos familias y por como ve mi hijo a tu hija,
veo que ya estamos todos felices.


_ Si papá contesto mi prometido por mi está todo bien.


Mi papá sin siquiera voltear a mirarme, dijo


-Pues, yo todo arreglado, vamos a comer.


Mi madre me guiñó el ojo mientras ordenaba que sirvieran la
cena, miré a mis hermanos y vi que la cara de Simón estaba descompuesta, Paco
seguía impasible como siempre, pero Simón tenía algo extraño, eso sin duda se le
notaba tanto que mi padre lo llevó a parte antes de ir al comedor y algo le dijo
que Simón trató de mejorar la cara. Simón no paraba de mirarme y eso me ponía
incomoda, quería acercarme a él, pero ya estabamos en la mesa y estaba dispuesta
de tal manera que mis hermanos quedaron justo al otro lado. Nada pude
preguntarle, pero me ponía nerviosa.


Comimos y cuando terminamos pasó algo que me puso más
nerviosa. Tener mi madre a mi lado en ese momento me tranquilizaba, por lo menos
su mirada era relajante. Pasamos al salón a tomar un café y mi padre dijo:


-Las señoras ahora deben irse, Victoria muéstrale a Luisa la
habitación que dispusiste para ella, sabes que no deben bajar ¿no?.


- Si Señor, lo sé contestó mi madre, se despidió de mí
con un beso y me susurró al oído -Obedece.


La besé y allí sí que me mis nervios me hacían temblar, sólo
atinaba a ver a Simón en espera de que me ayudara, no tenía ni idea que me iban
a decir, pero por la solemnidad y el hecho de que las dos madres se hubieran ido
sabía que no era bueno.


Apenas salieron las señoras mi padre comenzó a decir un
montón de cosas que apenas entendía.


-Vicky, de ahora en adelante eres considerada una mujer en
ésta casa por lo tanto tendrás las obligaciones de las mismas, tanto conmigo,
como con tus hermanos, así como también con tu prometido yo no entendía a que
obligaciones se refería y lo miraba con cara de no entiendo nada
. Harás
todo lo que se te ordene a partir de ahora, ya no volverás al colegio y te
quedarás en casa el año reglamentario para prepararte para ser una buena esposa
y para complacer a los hombres de tu familia como buena hija y hermana.
¿Entendiste?


_-Si señor, claro que entendí.


_-Me alegra, Simón llama al caporal para que nos ayude con lo
sigue, pues debe estar pendiente de todo en lo que resta de noche.


Mi hermano lo miró fijamente y se fue a buscar al caporal.


Apenas llegó, mi padre le dijo


– ¿Has preparado todo?


- Si patrón, como lo dispuso, sólo vaya pidiendo a media que
vaya necesitando y se le traerá.


- Bien, respondió mi padre, por ahora saca la mesa de centro.


Mientras el caporal sacaba la mesa de centro, yo trataba de
explicarme que pasaba allí, pero no se me ocurría nada.


Así que solo esperaba para ver que pasaba.


-Bueno hija, ahora ponte de pie en el centro del salón y
quítate el vestido.


Sin pensarlo un queeeee espectacular salió de mi boca. Mi
padre me miró incisivo y repitió.


-Que te saques el vestido Vicky, en vista de que yo no me
movía mi padre se levanto me tomó del pelo con una mano y con la otra me asestó
una buena bofetada
. Ahora quítate el vestido o tengo que repetirlo


Helada como estaba y ya en el centro del salón, comencé
lentamente a sacarme el vestido.


-Voltea hacía José Miguel, él es quien debe verte bien.


Quedé de frente hacia él y vi por primera vez la lascivia en
los ojos de un hombre, allí quede solo con la ropa interior blanca que me dio mi
madre.


-Ahora quítate el sostén.


No podía creer lo que decía mi padre, pero igual obedecí
mientras unas lagrimas recorrían mi rostro.


- Por favor Vicky, retira la bombacha.


Como autómata lo hice, no podía creer lo que estaba pasando,
mi padre, mis hermanos y tres hombres que casi era desconocidos para mi estaban
allí viéndome desnuda, completamente desnuda. Ya lloraba abiertamente y parecía
que a nadie le importaba.


Ramón Solanas fue el único que dijo:


-Que impresión Juan, hasta ahora no he estado en ninguna
iniciación de una mujer y que no llore toda la noche.


-Si Ramón, yo tampoco, respondió mi padre. Y dirigiéndose
a José Miguel
¿Ya quieres palpar lo que será tuyo?.


-No señor Juan prefiero esperar el examen.


¿El examen?, Qué carajo sería eso. ¿a qué examen se refería?
– Pensé.


Mis pensamientos fueron interrumpidos por la voz de mi padre
que me gritó


- Niña, quita las manos, yo intentaba tapar mis senos y mi
chuchita
ponlas en la nuca y abre las piernas para que podamos ver.


De un salto hice lo que me dijo.


Y continuó,


- Bueno ahora haremos el examen tocó una campana,
quítate del medio Vicky que van a poner la mesa.


Entró el caporal con dos hombres mas a poner una silla
ginecología, yo no salía de mi asombro, pues enseguida entendí para que
serviría, allí me harían el examen, los dos peones no podían quitarme la mirada
de encima y el caporal les llamo la atención con la mirada, salieron.



Imagino que a sabes lo que debes hacer ¿o no, hijita?


Si Señor, ya sé



Y sin más me fui a la silla y me senté.


Mi padre no dejaba de darme ordenes.



Recuéstate y pon el culito en el borde dirigiéndose a mi
hermano Paco, le dijo
acomódala en la silla, por favor hijo.


Si padre.



Mi hermano se levantó y se acercó a la silla en la que ya yo
estaba, tomó mis brazos y los colocó sobre unas tablas que sacó de entremedio de
la colchoneta y la silla y amarró mis brazos a las tablas con una correas que
venían incorporadas, a la altura del antebrazo, el codo y las muñecas. Ya echo,
me pasó la mano por el pelo y me dijo calladito


-Hermanita, relájate, es mejor para ti si estás relajada.


Respiré profundo y sentí como sus manos pasaban a mis piernas
y las montaba en unos cabestrillos para ser atadas con correas en ella igual que
mis brazos: Comencé a llorar de nuevo cuando me percaté de lo expuesta que
estaba, mi hermano tomo mis pies y los posó en algo metálico que ya no veía y
los ató a ello, se colocó entre mis piernas y con una sonrisa en sus labios tomó
mis caderas y las acerco hacía él, de manera que estaba completamente expuesta.
Mi padre se acercó a la silla y me dijo



Ahora serás una buena niña y trataras de quedarte
quietecita. Asentí, pues nada mas me quedaba, Se volteó y llamó a mi
prometido, Bueno Miguelito aquí está, si quieres acerca una silla y ven a
mirar.



Miguelito se acercó y primero se colocó al otro lado de mi,
viendo a mi padre de frente, y la verdad no era feo, era bastante atractivo, y
hasta delicado conmigo dada las circunstancias. Me hizo un cariño en la cara y
me tocó las tetas, primero poco a poco, con algo de timidez, luego ferozmente,
sus manos eran grandes y fuertes; aquello a pesar del miedo que sentía me
excitaba, era una sensación que no podía controlar. Mi mente divagaba y trataba
de apagar el cosquilleo en mi clítoris, apretaba los músculos de la vagina, pero
aquello no ayuda en nada, mi padre me miraba escrutador y yo que ya había parado
de llorar sólo miraba a Miguel, estaba excitado eso notaba a leguas. Y pasó lo
ineludible, mi padre bajo su mano a mi chuchita y tocó.



Digna hija de su madre, parece un lago, jajajaja, tanto
llanto, tanta queja y está más mojada que el Atlántico.


Padre por favor me quejaba,


Nada de padre por favor, que aquí solo empezamos. Miguel
ven a ver y tu manténte calladita



Miguel no tardó en bajar sus manos hacia el centro de mí.
Continuaba a mi lado.



Pero bueno Miguel vente para acá, mira bien.


Si señor respondía el que a partir de ahora era mi dueño




Se coloco entre mis piernas y mi padre solicito le dio una
silla para que se sentara, allí ya no podía ver, sólo sentir, sus manos me
abrieron aún mas y sentí una corriente helada en mi vagina.



Que mojada está, que impresión.


Si, igual fue su madre la primera vez y las siguientes, ya
creo que la cosa es de familia, Las Blanco sin duda son putas corazón.



El señor Ramón se acercó a ver y mi padre exclamó orgulloso



Ves Ramón la joyita que se lleva tu hijo, me dices ahora
que no vale la dote que me has dado.


La verdad Juan que es un buen espécimen, esta hija tuya,
vale cada hectárea de tierra.



Así me enteré de que mi precio había sido en tierras, había
sido vendida al mejor postor. La idea de haber sido vendida por tierras me hizo
soltar de nuevo algunas lagrimas, aunque Miguel no me dejaba pensar pues se
entretenía tocando mi clítoris.



Mira como le crece el clítoris papá, es toda un putica.
Andrés ven a ver llamaba a su hermano menor




Así pues ya había cuatro hombres a mi alrededor revisándome
por todas partes como a un animal, lo que no entendía para que tantas amarras,
si total aquello no me dolía.



¿Juan será que podemos ver ya si tu niñita es virgen?


Claro Ramón.



Fue allí cuando volví a ver a mis hermanos, que se habían
mantenido al margen del espectáculo.



Paco, toma la llave del estante y sácame un especulo
transparente mi hermano se acercó tomó la llave y cuando lo iba a cerrar
No, no lo cierres hijo, que vamos a necesitar otras cosas de allí.



Mi hermano Simón se acercó a mí y jugaba con mi pelo, aquello
me tranquilizo un poco, imagino que lo hizo al ver mi cara de terror y no sabe
cuanto se lo agradezco.


Esa cosa que mi padre llamaba espéculo, jamás la había visto
en mi vida, así que no me imaginaba para que servía, pero su forma era muy
delatora, y trate de prepararme para lo peor.


Miguel seguía sentado entre mis piernas, tocándome toda allí
abajo, abriendo, cerrando mis labios y sobre todo hurgueteando mi clítoris.



A ver Miguel párate un momento para ponerle esto a tu
novia, si tu lo haces capaz que la dañas le decía su padre




Yo contenía la respiración esperando lo peor.


- Ya hermanita, respira profundo y concéntrate en lo que hago
con tu pelo, relájate por favor que así duele menos


Sentí como por primera vez algo entraba en mi chuchita y
grité.



Hazla callar Simón dijo imperativo mi padre



Por favor, por favor no me metan eso, me duele mucho, no
cabe.


Ya hermanita, deja que te hagan lo que te tienen que hacer,
respira profundo.



Mi padre me miraba feísimo, pensé que me iba a pegar de nuevo
y traté de callarme. Pero aquel aparato me desgarraba, así que de nuevo un
bofetada fue a parar a mi cara.



Ya llegué, allí está el himen, así que ahora sólo a
abrirlo, para que se pueda ver decía el Sr. Solana



Bien, hermanita, ahora estése quieta y no aprietes los
músculos, que ese aparato se abre y tienen que abrirlo para ver bien dentro de
ti.



Yo lloraba desconsolada.



Padre, por favor no dejes que lo abran mientras sentía
que mi vagina se hacía más grande



Ya cállate, o quieres otro golpe, pero esta ve te daré en
las tetas decidí callarme, solo me quejaba lo más suave posible




NO sé que se veían, pero al parecer era interesante, hasta mi
hermano Paco estaba allí parado viendo.



Paco tráeme un hisopo largo a ver cuanto le mide el cuello
a esta niña.



¿Un hisopo para medir mi cuello?, Yo estaba mas perdida, no
entendía nada, llegó mi hermano con lo pedido.


_ Ahora Miguel siéntate ahí, toma este hisopo y pásalo en el
hoyo que hay en el himen, mételo hasta que encuentres resistencia, todo con
mucho cuidado para no romper el himen.



Sí señor Juan.



No sentía nada aunque al parecer el hisopo ya estaba dentro,
en eso sentí un piquete que me hizo contraerme entera.



Es largo Juan decía mi suegro, se le va a poder
embarazar rápido.



Mi hermano Simón seguía a mi lado, y sólo decía tranquila,
trata de relajarte, como si aquello fuera tan fácil después de una vida sin que
ni yo mi miraba allí, ahora era un centro de experimentación.



Bueno Miguel ahora cierra el espéculo y sácalo suavemente
le ordenaba su padre.




Aquello si dolió, casi como cuando lo metieron. Un ayy largo
se escapó de mis labios Pero yo pensaba, ya vieron lo que querían ver así que
ahora me visto y me voy.


Pero no, la cosa al parecer seguía.


Se retiraron todos de mi lado y entre Miguel y Simón me
desamarraron. Los demás se sentaron con sus cigarros y sus tragos en su posición
inicial.



Me imagino que a continuación seguiremos como manda la
tradición decía el Sr. Solana



Si respondía mi padre ahora la desvirgara tu hijo
frente a todos, yo abriré la puerta trasera y los demás podrán poseerla, yo
creo que la entrega la dejamos para el final, pues hacerlo antes no me parece
adecuado.



Así me di cuenta de que había mucho más. Al bajarme de la
silla mis piernas no me respondían bien mi hermano tuvo que tomarme de la
cintura y me dijo.



Arrodíllate y pon tus manos en la nuca, quédate quieta y
relájate.



Hice tal cual lo que dijo mi hermano mientras ellos seguían
conversando, Miguel me dio un beso y me dijo



Eres una buena niña y sé que será una buena esposa me
pasó la mano por el pelo y fue a sentarse




Hablaban de cosas banales, de hecho parecían divertirse,
tomaban, fumaban y mis hermanos y Miguel de cuando en cuando me guiñaban un ojo
o me hacían algún gesto gracioso, eso hizo que se me pasara el susto un poco,
por último Miguel era simpático y buenmozo y mis hermanos estaban conmigo en esa
hora tan desgraciada. De hecho hasta me hacían sonreír con sus gestos.



Bueno creo que ya es hora. A ver Vicky acércate a gatas a
Miguel y lámele el pene ordenó mi padre




Sin más me acerque temerosa y Miguel se sacó el pantalón y el
slip, yo nunca había visto un pene, por lo menos de un adulto, Miguel me tomó la
cara entre sus manos, me besó los labios y así con mi cara tomada me la acerco a
su pene yo empecé a darle besos a esa cosa, no entendía que se suponía que debía
hacerle, así que Miguel me dijo al oído mientras los demás conversaban.



A ver mi pequeña, tómalo como si fuera un helado, pásale la
legua, eso es, y métetelo en la boca chupándolo, metelo todo lo que puedas,
así, así, aprendes rápido, eso, eso, sigue así.



Me impresionaba como crecía, de verdad era enorme y se ponía
cada vez mas duro, mientras hacía eso sólo atinaba a preguntarme como
funcionaría el pene que crecía tanto y se ponía tan duro. Miguel sólo atinaba a
decir, eso, eso y así, así y jadeaba.



NO es por nada señor Juan pero si esta niña sigue me va a
hacer correrme en su boca, así que creo que mejor la ensarto de una vez.



A diferencia de lo que había pasado antes, me excitaba la
idea de que me metieran esa cosa, sin duda me asustaba y no entendía como iba a
caber, pero pensar que aquella cosa caliente entraría en mi me excitaba.



Dale no más Miguelito, es toda tuya, pero ponla en una
posición que podamos mirar.


Sí señor.



Miguel se paró y me hizo pararme a mí, me subió al sillón
donde él estaba sentado, puso mis manos en el respaldo y me arrodille sobre el
mismo.



Ahora, pequeña te estarás quitecita, esto va a doler al
principio, pero después te va a gustar, mientras más relajada estés mejor.



Yo intentaba ver, pero Miguel me volteaba la cara contra el
sillón, sentí que aquella cosa estaba en la puerta de mi chuchita y peleaba por
entrar, yo respiraba tratando de relajarme, sentí como se alejó el pene y su
mano tocaba mi clítoris, de verdad estaba excitada, pero al parecer seguía muy
cerrada



¿Te has masturbado alguna vez? Me susurró Miguel
dime la verdad.


Si, si me he masturbado.


Bueno, pasa tu mano por debajo y mastúrbate. Cierra tus
ojos y haz de cuenta que estamos solos.



Sin pensarlo mas, cerré los ojos y posé mi mano sobre mi
clítoris, me masturbaba, allí delante de todos, yo me masturbaba.



Cochinilla la niña ¿no? dijo mi cuñado




Oí como Miguel lo mandaba a callar y aunque no veía nada,
sentía en el silencio que todos me miraban, trate de imaginarme que estaba sola
con él, sentía sus manos sobre mis pechos, estrujándolos desde atrás con
suavidad, ya me movía con más soltura y sabía que un orgasmo estaba próximo a
venir. Su respiración estaba en mi nuca



Ya te vienes ¿verdad?


Sí, sí, ya casi. le respondí



Bien, ahora respira profundo, porque voy a entrar



Tome una bocanada de aire como si estuviera ahogándome y
sentí su pene entrar dentro de mí



No pares de masturbarte me dijo al oído




Así que continúe, cuando de repente algo se rompió dentro de



AAAAAYYYYYY, para por favor me has roto, sácalo, sácalo.



Dejó el pene quieto un minuto y el dolor comenzó a pasar.



Tranquila, mastúrbate y se te pasará, ya no eres una
virgen, de ahora en adelante serás mi putita. ¿Puedo seguir?. Esto hay que
terminarlo.



Entre algunos sollozos le respondí que si y entonces sentí
como aquello me atravesaba y comenzaba a moverse, de adentro hacia fuera una y
otra vez, yo seguía masturbándome sin parar y un orgasmo enorme se apodero de
mí, chillaba, le pedía que no parara, se me había olvidado el resto del mundo,
mi cerebro entero estaba en mi clítoris, sentí como su pene se engrandecía aún
más y como decía



Demasiado rica para creerlo, no me aguanto, me corro.



Y así estalló todo su semen en mí, me deje caer sobre el sofá
cuando su peso se apartó y por primera vez abrí los ojos, ahí estaba él, tan
dulce, tan bello.



Gracias pequeña, fue un gran polvo.


De nada fue lo único que atine a decir




En ese momento caí en cuanta de donde estaba y voltee a mí
alrededor, todos me miraban; mi padre, mis hermanos; todos fueron testigos de mi
primer orgasmo. Sentí como un liquido corría entre mis piernas y miré, era
sangre, me había roto, de verdad me había roto.



Ve a lavarte y párate que manchas el sillón decía mi
padre,
Ve al baño y límpiate


con papel, no te laves, que esto no termina aquí


Yo la acompaño y salí con mi hermano Simón del salón
hacia el baño.



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Relato: De niña a esposa (1)
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